Odio a Prince

Prince at Coachella 001

Bueno, obviamente, NO, no odio a Prince. Pero me tiene bastante cabreado…

A estas alturas, no tengo claro si Prince murió de una sobredosis de algo, o si simplemente tuvo un colapso. Las malas lenguas no dejan de producir noticias desagradables, como que era portador del HIV desde los años 90 y había comenzado a desarrollar la enfermedad hace unos meses, que murió pesando apenas 40 kilos… Bueno, ¿y qué? Hoy en día hay tratamientos (para quien los pueda pagar, y él podía) que permiten mantener un nivel de vida razonable. Pero claro, su religión le prohibía el acceso a la mayor parte de la medicina moderna. Él creyó que podría curarse a través de su fe.  Y, claramente no fue así, o tenía otro destino. Aunque debo decir que, si todo lo anterior es cierto, aguantó muchos años sin desarrollar la enfermedad, lo que sí podría hablar del poder de la mente o de lo sobrenatural. De todas formas, si fue un suicidio, aunque involuntario, ¿Qué dice su religión sobre eso?

En cualquier caso, ya no es algo que pueda o deba preocuparme. Está muerto. Y eso me impide volver a verle en concierto (lo vi en 1990, en Zaragoza), o llevar a mis hijos a que le vean. Durante unas horas, estuve a punto de poder viajar a Nueva Zelanda (!) desde Alemania en las mismas fechas en las que dio su concierto sólo con su piano. No pudo ser. En fin, de alguna manera, siempre pensé que Prince acabaría como James Brown, hecho un abuelito de pelo blanco, dando saltos y grititos en el escenario, rodeado por una banda de músicos impresionantes. Pues no, eso ya no sucederá. Y, conmigo, un par de generaciones más se lo van a perder. Y esto es lo que me cabrea.

¿Y qué me ha quedado? Bueno, yo era un fan declarado de Prince, para quien me quisiera escuchar. Tengo una discografía bastante completa (casi todos los CDs originales desde 1982), y muchos CDs no oficiales de descartes y conciertos en directo (ja, en vivo). Y últimamente, todos los fans de Prince se han liado la manta a la cabeza para compartir estas rarezas, algunas de ellas verdaderas joyas. Durante unas semanas, también se volvieron a subir vídeos a Youtube, que esta empresa se ha empeñado en eliminar sistemáticamente. He estado descargando material que ahora tiene una dudosa propiedad intelectual. En todo caso, tengo mi «vault» propio (así es como llamaba él a su cámara acorazada donde al parecer guardaba miles de canciones si publicar).

Pero en este momento no me apetece escucharlo. Durante muchos años fue parte de mi «banda sonora», y lo tenía casi constantemente en el coche, o en el ipod. Bueno, pues me estoy quitando. De alguna manera llegué a depender de Prince, de su nuevo disco de cada año, de sus excentricidades. y viéndolo ahora desde (un poco más) lejos, me fastidia haber llegado a tener esa dependencia de un desconocido que vivía a miles de kilómetros de mí.

Por supuesto, una parte de mí todavía no se cree que Prince haya muerto. Seguro que pronto hay alguna leyenda negra, y Prince está en el Caribe, compartiendo su isla con Michael Jackson. Fue muy sospechoso que incinerasen su cuerpo inmediatamente después de una autopsia que aún no ha producido conclusiones claras. Y claro, también habrá otras historias escabrosas, como la del médico que se quedó con sus manos en un frasco como recuerdo. Y le saldrán hijos de quince años, ya con bigote.

Hasta entonces, este post me ha servido de terapia. Seguro que en unos días vuelvo a ponerme su música, a buscar información en Internet, a participar en foros diciendo lo imprescindible que fue Prince para la música moderna. Y criticando a quien sea que se haga cargo de los fondos musicales sin publicar, por su mala selección a la hora de sacar nuevos discos. ¿Compraré alguno de esos discos póstumos? Ya veremos. A ver si llega el verano a Alemania y me relajo un poco…

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